Steve Jobs with White iPhone 4Una de las costumbres que más recientemente ha adoptado el mercado tecnológico es la de la demanda judicial. En lo que va del año hemos escuchado cientos de veces la frase “denuncia por violación de patentes”, y en prácticamente todos los casos se encuentra envuelta una empresa en particular: Apple.

La firma de la manzana está de moda y no lo digo en tono despectivo. Desde que Steve Jobs y compañía presentaron el iPhone en 2007 se elevó considerablemente la popularidad de la corporación, y desde entonces hemos visto a los de Cupertino volverse cada vez más fuertes e inclementes con la competencia.

Pocos días atrás hablaba con un amigo defensor acérrimo de Apple y me decía que esta “conducta” adoptada por la empresa de demandar a sus rivales es una especie de venganza por todo lo que les robaron a los californianos durante los 80 y los 90.

En ciertos aspectos se puede llegar a compartir dicho punto de vista, pero particularmente creo que hay algo mucho más profundo en esta cuestión. Apple es una empresa que se fundó y forjó para alimentar el ego de una persona: Steve Jobs. Con esto no le quito mérito a Steve Wozniak ni a otros grandes personajes de la firma, pero el actual CEO siempre ha sido el verdadero ícono.

No quedan dudas de que Jobs fue, es y probablemente siga siendo un visionario tecnológico pero determinadas actitudes no colaboran con su imagen o la de la compañía. Es obvio que el director ejecutivo de la manzana no tiene por qué dar explicaciones de sus decisiones (y mucho menos a mí), pero siempre es bueno pararse en la tercera esquina del cuadrilátero para tener una visión más amplia del panorama.

Steve Jobs le devolvió la vida a Apple y logró que en los medios no hagamos otra cosa más que hablar sobre las diferentes novedades que están ligadas a la firma. Pero la grandeza tiene responsabilidades y consecuencias, especialmente cuando los ejecutivos empiezan a saborear el poder.

Uno de los peores rasgos que tiene actualmente la corporación californiana (según mi punto de vista, claro está) es su tendencia a maniobrar como si estuviese por encima de la ley. Y un claro ejemplo de ello está en las demandas que hablábamos al comienzo.

El departamento legal de Apple trabaja a destajo para enviar denuncias, cartas de “cese y desiste”, intimidaciones e incluso pedidos para bloquear importaciones de otras empresas. Últimamente varias situaciones se han definido de esta manera: los de Cupertino manejándose a gusto y placer y la Justicia relegada al simple papel de levantar o bajar el pulgar en una instancia que nunca llega a ser definitiva. Esto no garantiza a la empresa que ganará siempre, pero es una buena ventaja.

Cuando pienso en esto no puede evitar recordar lo que escribí la semana pasada sobre la avaricia corporativa. Apple no es la única empresa que demanda a sus competidoras, pero es la que tiene más relevancia en dicho ámbito porque todos sus movimientos legales se llevan a cabo frente a la vista de todo el mundo.

Ese es el ego de Steve Jobs hablando, gritándole a todo el mundo que su empresa es grande y que puede hacer lo que quiera porque renació de las cenizas como el Ave Fénix. Apple ya no se encuentra frente al extremo puntiagudo de la estaca, pero existe una diferencia fenomenal entre demostración de grandeza y pedantería.

Es cierto que los de la manzana están en su derecho de demandar a los rivales por motivos que crean justos, y lo más probable es que tengan razón en buena parte de las denuncias. Sin embargo deben recordar que cuando se pasan ciertos límites ya no se puede volver, especialmente cuando el ego se escapa de las manos.