¿Existe un límite para la avaricia corporativa?

Las cúpulas directivas de las principales corporaciones parecen nunca estar satisfechas y siempre quieren un poco más (...)
La sed insaciable de poder es uno de los peores males que existe en el mercado tecnológico actual. Las cúpulas directivas de las principales corporaciones parecen nunca estar satisfechas y siempre quieren un poco más, llegando la mayoría de las veces a límites que van mucho más allá de lo que cualquier persona podría entender como competencia leal.
Vivimos inmersos en un mercado tecnológico cada vez más despiadado y que muchas veces nos da la impresión de que terminará dañándose a sí mismo por el hambre, la avaricia, la ineptitud e incluso la genialidad de sus principales exponentes. ¿Existe un límite? ¿Se puede hablar sobre códigos de conducta? ¿Qué papel juegan los usuarios en este contexto?
Esta semana mi opinión fue inspirada por una noticia protagonizada por Microsoft y Samsung. Ambas compañías son socias desde hace mucho tiempo, pero los creadores de Windows decidieron “castigar” a los surcoreanos por una supuesta violación de patentes cometida por Android.
Para evitar inconvenientes mayores la empresa asiática se verá obligada a pagar 15 dólares a Microsoft por cada smartphone Android que venda en Estados Unidos. Es una situación que prácticamente no tiene sentido, pero que demuestra que las compañías están dispuestas a todo por tener un poco más de rédito.
La estrategia de los de Redmond es tan genial como inescrupulosa. En lugar de apuntarle legalmente a Google, la empresa creadora del sistema operativo que supuestamente viola patentes de Windows Phone 7, decide pegarle a Samsung, una de las principales distribuidoras a nivel mundial de dicho SO.
Entonces, el razonamiento de Microsoft es simple: la culpa no es de Google, sino de la empresa que colabora en la propagación de Android. Es un disparate, pero evidentemente le da muy buenos resultados a Steve Ballmer y compañía porque tiempo atrás hicieron exactamente lo mismo con HTC.
En el caso de Microsoft se trata de una estrategia de presión. Tanto Samsung como HTC tienen móviles con Android y Windows Phone 7, de modo que tienen que “expiar las culpas” por no ser fieles a una plataforma específica.
Y la culpa no es solamente de los creadores de Windows, sino de las demás corporaciones que llegan a un punto de dependencia tal que deben obedecer todo los que les mandan. Y en casos como este no podemos decir que Microsoft es la única firma que lo hace, porque son muchísimas las que aplican medidas similares.
Entonces, ¿hasta qué punto llega la avaricia corporativa? No hay una respuesta inmediata para ello, pero podemos decir tranquilamente que todavía no existe límite alguno. Y lo peor de todo es que el efecto rebote por los conflictos empresariales siempre será una carga que (tarde o temprano) terminará afectando a los usuarios.
