Análisis
Enamorándonos de Google+…
La nueva red social de Google tiene poco más de un mes de vida y ya nos ha mostrado que tiene potencial para revolucionar la web. Después de varios intentos fallidos parece que la gente de Mountain View ha encontrado el punto justo para atraer a los usuarios a un producto interesante, que innova y que a su vez nos parece muy familiar por la proliferación de servicios similares que se dio en los últimos años.
No quedan dudas de que los chicos de la Gran G están en todo su derecho de decir “la tercera fue la vencida”. Después de los fiascos vividos con Buzz y Wave parecía que el ámbito de las redes sociales estaba vedado para la firma detrás del buscador web más popular. Sin embargo, Google+ llegó para redimir a ingenieros y ejecutivos con un producto fresco.
El hecho de que la beta cerrada de G+ haya sumado más de 20 millones de usuarios en un par de semanas es una demostración clara del atractivo generado entre los internautas. Las comparaciones con sitios competidores ya no tienen razón de ser, porque Google ha conseguido una identidad propia para su producto.
Día de luto para el orgullo estadounidense

El transbordador Atlantis aterriza en la oscura madrugada estadounidense
Se cierra una era para la exploración en el espacio. Esta madrugada retornó a la Tierra el transbordador Atlantis y le bajó la persiana a uno de los proyectos más emblemáticos de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA). Pero el regreso de la nave tiene un significado que va más allá de la ciencia y la tecnología.
Esta mañana murió uno de los bastiones más importantes de la hombría de Estados Unidos. El país norteamericano forjó su historia transitando un camino en el trató siempre de demostrar que era superior a los demás, y la exploración espacial jugó un papel importantísimo durante las últimas tres décadas.
Es obvio que la carrera espacial norteamericana no se inició en 1981 con el despegue del transbordador Columbia, pero no quedan dudas de que la NASA llegó a su punto álgido de la mano de este programa. El proyecto Space Shuttle derivó en la creación de máquinas que podrían ser consideradas obras de arte, y eso no es poca cosa.
Es cierto que los estadounidenses no podrían haber logrado un programa tan exitoso sin la ayuda de especialistas de todas partes del mundo, pero buena parte del crédito por la iniciativa les corresponde. Y así como en su momento el organismo aeroespacial norteamericano mostró un poderío sin fronteras, ahora da a conocer su lado más débil e inestable.
Cuando el ego se escape de las manos…
Una de las costumbres que más recientemente ha adoptado el mercado tecnológico es la de la demanda judicial. En lo que va del año hemos escuchado cientos de veces la frase “denuncia por violación de patentes”, y en prácticamente todos los casos se encuentra envuelta una empresa en particular: Apple.
La firma de la manzana está de moda y no lo digo en tono despectivo. Desde que Steve Jobs y compañía presentaron el iPhone en 2007 se elevó considerablemente la popularidad de la corporación, y desde entonces hemos visto a los de Cupertino volverse cada vez más fuertes e inclementes con la competencia.
Pocos días atrás hablaba con un amigo defensor acérrimo de Apple y me decía que esta “conducta” adoptada por la empresa de demandar a sus rivales es una especie de venganza por todo lo que les robaron a los californianos durante los 80 y los 90.
En ciertos aspectos se puede llegar a compartir dicho punto de vista, pero particularmente creo que hay algo mucho más profundo en esta cuestión. Apple es una empresa que se fundó y forjó para alimentar el ego de una persona: Steve Jobs. Con esto no le quito mérito a Steve Wozniak ni a otros grandes personajes de la firma, pero el actual CEO siempre ha sido el verdadero ícono.
No quedan dudas de que Jobs fue, es y probablemente siga siendo un visionario tecnológico pero determinadas actitudes no colaboran con su imagen o la de la compañía. Es obvio que el director ejecutivo de la manzana no tiene por qué dar explicaciones de sus decisiones (y mucho menos a mí), pero siempre es bueno pararse en la tercera esquina del cuadrilátero para tener una visión más amplia del panorama.
¿Existe un límite para la avaricia corporativa?

Las cúpulas directivas de las principales corporaciones parecen nunca estar satisfechas y siempre quieren un poco más (...)
La sed insaciable de poder es uno de los peores males que existe en el mercado tecnológico actual. Las cúpulas directivas de las principales corporaciones parecen nunca estar satisfechas y siempre quieren un poco más, llegando la mayoría de las veces a límites que van mucho más allá de lo que cualquier persona podría entender como competencia leal.
Vivimos inmersos en un mercado tecnológico cada vez más despiadado y que muchas veces nos da la impresión de que terminará dañándose a sí mismo por el hambre, la avaricia, la ineptitud e incluso la genialidad de sus principales exponentes. ¿Existe un límite? ¿Se puede hablar sobre códigos de conducta? ¿Qué papel juegan los usuarios en este contexto?
Esta semana mi opinión fue inspirada por una noticia protagonizada por Microsoft y Samsung. Ambas compañías son socias desde hace mucho tiempo, pero los creadores de Windows decidieron “castigar” a los surcoreanos por una supuesta violación de patentes cometida por Android.
Para evitar inconvenientes mayores la empresa asiática se verá obligada a pagar 15 dólares a Microsoft por cada smartphone Android que venda en Estados Unidos. Es una situación que prácticamente no tiene sentido, pero que demuestra que las compañías están dispuestas a todo por tener un poco más de rédito.
La estrategia de los de Redmond es tan genial como inescrupulosa. En lugar de apuntarle legalmente a Google, la empresa creadora del sistema operativo que supuestamente viola patentes de Windows Phone 7, decide pegarle a Samsung, una de las principales distribuidoras a nivel mundial de dicho SO.
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